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Estilos de vida

La persona con EM sufre, por acción de la propia enfermedad, un cambio en su forma de relacionarse con el medio, y experimenta sensaciones que antes eran totalmente desconocidas y que muchas veces no sabe si atribuir a la enfermedad o no. Por otro lado, de repente surgen muchas dudas sobre cuestiones que antes nunca te habían preocupado, a continuación te esclarecemos algunas.

– Actividad física

La práctica de ejercicio -a ser posible, con la supervisión de un profesional experto en actividad física y EM- puede ayudar a reducir los factores de riesgo.

En salud cada vez se está adquiriendo mayor conciencia de la importancia de la prevención, al mismo tiempo que existe más evidencia científica que confirma los efectos positivos de la actividad física

Todas las personas con EM, independientemente de su evolución o nivel de discapacidad, pueden realizar algún tipo de actividad física. El ejercicio habitual y moderado puede ayudar a aliviar muchos síntomas de la EM, además de ser beneficioso para la salud y el bienestar en general.

 

Alimentación y dieta

La alimentación parece tener cierta importancia en la Esclerosis Múltiple. Es fuente importante de vitamina D, afecta a la composición de la flora intestinal (que parece tener relevancia en la actividad del sistema inmune) y beneficia a la salud en general.

Una dieta variada, equilibrada y sana debería ser imprescindible en toda persona con EM. Es fundamental la ingesta y el aporte de todos los nutrientes necesarios para el buen funcionamiento del organismo y para conseguirlo, lo ideal es consumir alimentos de todos los grupos (vegetales, proteinas, hidratos de carbono…) y limitar el consumo de otros que pueden resultar perjudiciales (bebidas azucaradas, consumo excesivo de sal, etc…)

 

Hábitos nocivos

 

      • Obesidad y sobrepeso

        Hay estudios que demuestran que la EM podría estar vinculada al sobrepeso o la obesidad (en muchos casos asociada al sedentarismo), especialmente si esta circunstancia se ha dado en la niñez o en la juventud. Esto puede deberse a que las personas con obesidad a menudo tienen bajos niveles de vitamina D. La obesidad también puede hacer que el sistema inmunitario sea más activo de lo normal y causar inflamación en el cuerpo.

        No todas las personas con sobrepeso tendrán Esclerosis Múltiple, y tener EM no implica que la persona tuvo o tiene obesidad. Sin embargo, la evidencia apunta a que el peso podría ser un factor de riesgo sobre el que podemos influir.

     

    • Tabaco

      Las sustancias de abuso, como el tabaco, producen gastos, bajas, dificultades en las relaciones, problemas de salud, etc. (más info sobre sustancias de abuso y EM).

      Hay estudios que demuestran que hay más probabilidades de desarrollar EM en una persona que fuma. Podría ser porque los compuestos químicos del humo del tabaco afectan al sistema inmunitario.

      Distintos estudios sobre el consumo de tabaco y la EM señalan que tanto la duración cómo la intensidad del consumo de tabaco, así cómo su exposición (inhalación del humo de otras personas), parecen afectar al aumento del riesgo de tener la enfermedad. También apuntan que fumar podría tener una relación directa con el incremento de la progresión de la discapacidad en personas con Esclerosis Múltiple Remitete-Recurrente

      La investigación recoge que el efecto perjudicial, y que dejando de fumar en cualquier momento de la vida reduciría
      la probabilidad de tener Esclerosis Múltiple. También aumentaría el tiempo que puede tardar la EM Remitete-Recurrente en pasar a Esclerosis Múltiple Secundaria.

– Estrés

    La relación entre el estrés y el inicio o empeoramiento de la Em no está del todo clara. Es normal sentirse ansioso, preocupado -e incluso estresado- de vez en cuándo, pero la intensidad y duración del estrés podrían llegar a afectar la salud.

    Se puede experimentar estrés cuándo hay un desequilibrio entre las demandas que se reciben y la capacidad para satisfacerlas. Tener que adaptarse a las nuevas circunstancias de la vida -como un diagnóstico de EM, pérdida de movilidad o problemas laborales, por ejemplo- puede producir estrés.

    Es importante encontrar las estrategias de manejo del estrés que funcionen mejor en cada persona. El manejo del estrés puede incluir técnicas de relajación cóomo respiración profunda, meditación, visualización, relajación muscular progresiva y tai-chi. etc.

     

    Bienestar emocional

      La EM puede causar ansiedad, angustia, enonjo y frustración importantes desde el momento de sus primeros síntomas. La incertidumbre y la imprevisibilidad asociadas con la EM es uno de sus aspectos más angustiantes. Las personas con EM suelen experimentar unos niveles de depresión y ansiedad más elevados que el resto de la población.

      Las estrategias de vida saludable también ayudan, pero no suelen ser suficientes en sí mismas. La medicación, la orientación profesional de un profesional de la psicología (psicoterapia), y los grupos de apoyo, pueden ser muy útiles para tratar problemas de la ansiedad y cambios emocionales que pueden acompañar a la EM.

       

      Descanso y sueño

        Dormir es esencial para funcionar bien. Es importante mantener una buena higiene del sueño (siguiendo un horario de sueño constante, mantener su habitación oscura, tranquila y fresca, evitando demasiados líquidos antes de acostarse, y creando una rutina relajante para dormir) y abordar cualquier problema que pueda dificultar el descanso (ansiedad, espasticidad muscular, la micción nocturna frecuente, el síndrome de piernas inquietas, la apnea del sueño y la depresión) junto con el profesional sanitario correspondiente.

         

        Descanso y sueño

          Dormir es esencial para funcionar bien. Es importante mantener una buena higiene del sueño (siguiendo un horario de sueño constante, mantener su habitación oscura, tranquila y fresca, evitando demasiados líquidos antes de acostarse, y creando una rutina relajante para dormir) y abordar cualquier problema que pueda dificultar el descanso (ansiedad, espasticidad muscular, la micción nocturna frecuente, el síndrome de piernas inquietas, la apnea del sueño y la depresión) junto con el profesional sanitario correspondiente.

           

          Consejos prácticos

          ¿Influye el calor? ¿Y el frío?

          El calor no empeora la EM a largo plazo, pero a corto plazo la elevación de la temperatura corporal por aumento de la temperatura ambiental, por fiebre o por haber realizado ejercicio físico, aumenta la fatiga y otros síntomas de la enfermedad en muchas personas.

          En cambio, el ambiente frío y el agua fría pueden producir o empeorar los espasmos musculares.

          ¿Cómo puede evitarse el aumento de la temperatura corporal?

          a) En verano procurar estar a la sombra. No pasar las horas de máximo calor en el exterior, sino en casa con aire acondicionado frío, o en centros comerciales, teatros, cines u otros lugares públicos con aire acondicionado.

          b) Bañarse en agua fría, refrescarse con paños húmedos el cuello y las axilas, beber bebidas frías y chupar trocitos de hielo o helados.

          c) Tratar la fiebre en cuanto aparezca.

          ¿Cómo evitar tener los pies fríos?

          Muchas personas con EM tienen los pies fríos a pesar del calor ambiental. Se debe a la falta de tono muscular en las piernas y a la afectación de las terminales nerviosas de los vasos de las piernas. Se alivia con calcetines de lana o doble calcetín. Cada vez se fabrican mejores fibras que permiten la evaporación del sudor sin que por ello se pierda calor.

          ¿Por qué estoy tan cansado, si no he hecho nada?

          La debilidad y la fatiga acompañan con frecuencia a la EM. Llamamos fatiga a una sensación anormal de cansancio, desproporcionada al esfuerzo realizado. El aumento de la temperatura corporal, el estrés, el exceso de trabajo y las infecciones pueden agravar temporalmente la fatiga y deben ser evitados en la medida de lo posible. Siempre que aparezca fatiga hay que descansar porque seguir forzándose no conduce a nada positivo y un descanso incluso breve, alivia mucho. Hay que evitar las jornadas largas, procurar dormir con un horario regular, organizar las ocupaciones de modo que las horas de actividad coincidan con la máxima sensación de energía, hacer descansos periódicos, hacer una siesta si fuera necesario y aceptar los límites aunque éstos puedan variar de un día para otro.

          ¿Por qué estoy tan cansado, si no he hecho nada?

          La debilidad y la fatiga acompañan con frecuencia a la EM. Llamamos fatiga a una sensación anormal de cansancio, desproporcionada al esfuerzo realizado. El aumento de la temperatura corporal, el estrés, el exceso de trabajo y las infecciones pueden agravar temporalmente la fatiga y deben ser evitados en la medida de lo posible. Siempre que aparezca fatiga hay que descansar porque seguir forzándose no conduce a nada positivo y un descanso incluso breve, alivia mucho. Hay que evitar las jornadas largas, procurar dormir con un horario regular, organizar las ocupaciones de modo que las horas de actividad coincidan con la máxima sensación de energía, hacer descansos periódicos, hacer una siesta si fuera necesario y aceptar los límites aunque éstos puedan variar de un día para otro.

          ¿Influye el estrés?

          No hay evidencia científica que permita decir que el estrés empeora la enfermedad. El estrés forma parte de nuestra vida y no hay que estresarse intentando evitar lo inevitable. No obstante, es bueno evaluar de vez en cuando si realmente nos estamos preocupando por las cosas que realmente importan.

          ¿Tienen riesgos la cirugía y la anestesia?

          El riesgo quirúrgico es el mismo que el de una persona que no tenga EM. Si tiene que ser intervenido habrá que hacerlo sin miedo a que empeore la EM y con el mismo tipo de anestesia que se utilizaría en el caso de no tener la enfermedad. En el caso de tener problemas respiratorios como consecuencia de la enfermedad, el anestesista tomará las mismas precauciones que en un paciente que tiene problemas respiratorios por otra causa.

          ¿Hay alguna dieta recomendada?

          No hay una dieta especialmente recomendada para los pacientes con EM. Hay que procurar llevar una dieta nutritiva y equilibrada en la que predomine la ingesta de grasas de origen vegetal o de pescado sobre la ingesta de grasas de origen animal. Hay que evitar el exceso de peso con dieta y actividad física regular y reforzar la ingesta de calcio durante los tratamientos con corticoides y en la menopausia.

          ¿Es conveniente el ejercicio físico?

          El ejercicio moderado de tipo aeróbico (caminar o nadar, por ejemplo) tiene un efecto beneficioso sobre el organismo de las personas con EM. Deben evitarse los esfuerzos extenuantes y la exposición excesiva al calor.

          ¿Influyen el alcohol o el tabaco?

          Salvo prohibición médica, una bebida alcohólica en sociedad, de vez en cuando, no perjudica. El alcohol, no obstante, puede aumentar la fatiga, producir debilidad o aumentar los trastornos de equilibrio, coordinación y el habla. Hay que ser especialmente cuidadoso si se está tomando algún tratamiento.

          El tabaco tampoco empeora la EM, pero en ningún caso es recomendable fumar por el riesgo de adquirir enfermedades cardiovasculares y/o pulmonares.

          Más información sobre la EM

          Tipos de EM

          Factores de riesgo de la EM

          Diagnóstico de EM

          Tratamientos

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